Normalmente entre una y dos semanas desde que tenemos todo lo necesario. Sin prisas, pero sin pausas. Y si por lo que sea va a tardar más, te lo digo antes de empezar, no a mitad.
Sí, tus pacientes siguen escribiendo al mismo número de siempre y no notan ningún cambio. La parte técnica —conectar ese número a la API oficial de WhatsApp— la hago yo entera; tú solo tienes que darme el visto bueno en un par de pasos.
Depende del programa, y te lo digo sin rodeos porque es donde más humo hay en este sector. Algunos —Google Calendar, Cal.com y varios programas de gestión de clínicas— se conectan bien, y ahí el sistema sí puede consultar huecos y agendar solo. Otros, como Booksy, son una caja cerrada: no dejan entrar a tu agenda desde fuera, ni siquiera a ti.
Si ese es tu caso no te voy a vender una integración imposible: lo que monto es un asistente que atiende, responde y cualifica al paciente las 24 horas, y después le pasa tu enlace de reserva de siempre o le deja la petición lista a recepción para meterla en dos clics. Lo primero que hago, antes de presupuestarte nada, es mirar qué usas y decirte cuál de los dos escenarios es el tuyo.
Está diseñada para saber lo que puede responder y lo que no. Cuando una conversación necesita a una persona —un caso delicado, una queja, algo fuera de guion— la pasa a tu equipo con todo el contexto, en lugar de inventarse una respuesta. Prefiero un sistema que sepa callarse a tiempo.
No tienen que adaptarse a nada, y ese es justo el truco. Tus pacientes ya usan WhatsApp para hablar con sus hijos y sus nietos: el sistema les responde por el mismo canal que ya conocen, con lenguaje normal y sin apps nuevas ni contraseñas.
Y quien prefiera llamar por teléfono sigue pudiendo hacerlo: esto no quita ninguna vía, añade una que funciona a cualquier hora.
Depende de lo que necesite tu clínica, así que no vendo paquetes cerrados. Primero hablamos gratis, te digo qué automatizaría y te doy un presupuesto claro antes de empezar.
El modelo siempre es el mismo: los costes de infraestructura y herramientas van aparte y a tu nombre, y mi cuota cubre mi trabajo — montaje, soporte, ajustes y mejoras. Sin sorpresas ni letra pequeña.
La infraestructura se monta a tu nombre y los datos se tratan conforme al RGPD, en servidores dentro de la Unión Europea. En especialidades sensibles, como psicología, la confidencialidad es un principio de diseño desde el primer día, no un extra que se añade al final.
Yo. El mantenimiento y el soporte forman parte de mi cuota: no te dejo un sistema montado y desaparezco. Me quedo cerca para que siga funcionando y para irlo ajustando según lo vayáis usando.
No, y prefiero explicártelo claro. El sistema vive en tu propia infraestructura, con tus cuentas a tu nombre, así que si algún día dejamos de trabajar juntos yo no te apago nada: lo que está montado sigue siendo tuyo y sigue funcionando. Lo que dejas de tener es a mí.
Y eso pesa, porque una automatización no es un mueble que se queda quieto: las claves caducan, los permisos se renuevan, y WhatsApp y las demás herramientas cambian cada pocos meses. Sin nadie que lo mantenga, un sistema así acaba dando problemas. Por eso mi cuota es de mantenimiento y no de alquiler: no te cobro por dejarte usar algo mío, te cobro por mantener vivo algo tuyo.
Te contesto sin adornos: todavía no tengo una clínica como cliente, y prefiero decírtelo yo a que lo descubras después.
Lo que sí tengo son sistemas construidos y probados —uno de ellos implantado en una empresa real durante mis prácticas, leyendo sus facturas de verdad— y otro de gestión de correo y agenda que puedo enseñarte funcionando en una llamada, hoy mismo. Tú no vas a comprar una promesa: vas a ver el sistema en marcha antes de decidir nada.
Cuéntamela directamente y te respondo con honestidad, sin rodeos.